Niños de madrugada

Ya os he contado que soy una madre urbanita, como muchas de vosotras. Esas que nos levantamos cuando aún es de noche para poder estar perfectas para ir a trabajar. Ya con el traje de chaqueta arremangado y los tacones en la puerta comienzas a preparar el desayuno, lavar, peinar y colgar mochilas para ir al cole.

Ahora con el cambio de hora, noto más la tristeza que supone tener que levantar a nuestros hijos a horas tan tempranas para dejarles en la “guarde” antes de las clases. Son los más madrugadores.

La gente que va a toda prisa al metro o a los autobuses les mira y les sonríe con ternura. Tan pequeños y ya en pie; piensan muchos. Y a nosotras como madres se nos agrieta un poco el corazón. Ellos se resignan. Yo pienso en los horarios laborales, en la conciliación, esa asignatura tan olvidada en un país como el nuestro.

La recompensa es poder volver a verles esta tarde y sentir la alegría de sus abrazos cuando vuelven a ver a su UrbanMon.

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