Un restaurante imprescindible en Madrid: Viridiana

Una de las cosas que más me gusta de vivir en una gran ciudad es la variedad de opciones que te ofrece. Entre ellas, la gran oferta gastronómica. Me gusta comer. Bueno y de calidad. Y en Madrid tengo la suerte de tener muchos sitios entre los que elegir.

Hoy os quiero hablar de un restaurante que para mí siempre es un clásico donde volver. Sabes que no te defraudará, que siempre podrás elegir algo nuevo pero que, si vas en un día en que tu nivel de riesgo es mínimo, también puedes recurrir a los clásicos de su carta. Os hablo de Viridiana.

Es un templo del buen comer. Productos de la mejor calidad pasados por el personal tamiz de su creador Abraham García que une la comida de aquí con toques de otras muchas partes del mundo porque Abraham es un viajero incansable.

Mis temporadas favoritas son el otoño con la llegada de los túnidos (para las cenas) y el invierno de guisos contundentes (comidas).

Planta principal de Viridiana

Mi última incursión ha sido en otoño. Aunque siempre suelo elegir comer en la planta baja, está vez la falta de espacio nos llevó al comedor principal que suele atender el propio cocinero. Además del menú él te canta las ensaladas de temporada y los platos de pescado y vísceras que hay fuera de la carta.

Tras unos aperitivos, gentileza de la casa, de gazpacho de fresa con arenque (delicioso) y de queso –tipo mozzarela- ahumado con verduras (para que se te salten las lágrimas) llegó un arroz cremoso con costillas de jabalí.

Gazpacho de fresas con arenque

De segundo nos decantamos por los pescados. De un lado un atún marcado a la plancha con una deliciosa salsa y acompañado por tumbet y de otro un pez mantequilla, también a la plancha, con una súper yema de espárrago (deliciosa) y tempura de verduras.

Los postres son de pecado aunque yo, una queso-adicta, me decanté por una tablita de quesos de tres diferentes procedencias que fueron una delicia. Sin embargo en otra entrada ya os hablaré del verdadero templo del queso en Madrid.

Para concluir a los que no sois muy amantes del café os recomiendo un té moro delicioso que sirven con unos dátiles bañados en chocolate.

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